En un panorama musical dominado por fórmulas y tendencias, EZNA emerge como una propuesta que desafía las estructuras tradicionales desde la raíz. Se trata del proyecto solista de Marvin Picado, músico costarricense con más de veinte años de recorrido en la escena alternativa y experimental, quien utiliza la música como un espacio de reflexión, confrontación y búsqueda personal.
EZNA no responde a la lógica de banda ni a expectativas de mercado. Es un proyecto concebido como un canal expresivo sin concesiones, donde confluyen el rock progresivo, la música cinematográfica y el diseño sonoro, articulados a través de composiciones conceptuales, estructuras no lineales y una carga emocional que se mueve entre la introspección profunda y la crudeza visceral.
De la transformación personal a la crítica colectiva
El camino de EZNA comenzó con Transfiguración, un primer álbum publicado en 2020 que funcionó como una declaración de autonomía artística. Producido de forma completamente independiente, el disco fue nominado por ACAM como Mejor Álbum del Año entre más de 300 producciones inscritas, consolidando a EZNA como una voz singular dentro de la música costarricense contemporánea.
Cinco años después, el proyecto regresa con Mientras todos creemos la misma ficción, una obra más madura, cohesionada y ambiciosa, que traslada la mirada desde lo estrictamente interior hacia una reflexión colectiva. Inspirado en la lectura de Sapiens de Yuval Noah Harari, el álbum se articula alrededor del concepto de las ficciones compartidas religión, poder, economía que han guiado la historia humana y legitimado la dominación, la violencia y la destrucción del entorno.
A lo largo de diez temas interconectados, EZNA propone un recorrido sonoro que cuestiona estas narrativas, explorando la disonancia cognitiva, el autoengaño, el duelo y la aceptación, no desde un discurso moralista, sino desde la experiencia emocional.
Un proceso creativo consciente y colaborativo
El núcleo creativo del álbum parte siempre de una idea emocional o filosófica. Marvin Picado inicia cada composición desde la contemplación del concepto, traduciéndolo primero en una atmósfera sonora construida principalmente en el teclado, utilizando armonías menores, acordes suspendidos o disonantes. A partir de ahí, las piezas crecen de forma orgánica, incorporando capas de sintetizadores, guitarras atmosféricas y texturas electrónicas.
Durante la etapa de grabación, Marvin asume múltiples roles teclados, bajos, guitarras y programación antes de invitar a colaboradores clave de la escena nacional, entre ellos Jason Parra, Carlos Valverde, Andrés Corrales, Ernesto Ramírez y el baterista Horacio Paris, quienes aportan matices personales sin romper la coherencia conceptual del proyecto.
Las voces fueron registradas en APEX Studio y la mezcla y masterización se realizaron en Finca Eléctrica bajo la dirección de Juan Pablo Calvo, logrando un resultado sonoro que equilibra claridad, profundidad y tensión emocional.
Una obra que no busca respuestas cómodas
Temas como “Así Somos”, “Sed” o “Entre las Sombras” funcionan como puntos narrativos dentro de una obra que se plantea casi como una ceremonia: inicia, se transforma y concluye sin ofrecer consuelo. El cierre con “Así Somos pt. 2” no pretende redención, sino dejar resonando una verdad incómoda: las ficciones cambian de nombre, pero la devoción y la violencia que generan permanecen.
EZNA no busca agradar ni simplificar. Es una experiencia musical que invita a detenerse, escuchar y confrontar aquello que normalmente se evita. Un proyecto que entiende la música no solo como entretenimiento, sino como un acto de conciencia.
Además de EZNA, Marvin Picado es integrante activo de la banda Hijos, donde explora otros lenguajes del rock alternativo desde una dinámica colectiva, ampliando aún más su universo creativo.
Con EZNA, la música se convierte en un espejo: no siempre cómodo, pero necesario.